Me gustaría saber a dónde se fue la esperanza, la confianza, la fe. ¿Qué pasó con los sueños, con las ilusiones, con las fuerzas? ¿Qué nos ha pasado como pueblo? También me gustaría saberlo. ¿Por qué no tenemos fe? ¿Por qué ya no sonreímos ni creemos? Extraño esa fuerza, ese fuego interior que conduce al hombre a la perfección humana. Ese fuego que lo guía a creer, a ver, a sentir. Para servir al Pueblo, no se necesitan años de estudio, ni críticas; se necesita CREER, tenerle FE. Al Pueblo sólo se le puede servir siéndole leal y no crítico, siendo un fanático y no un frío; teniéndole confianza y no verlo como una amenaza.Ser mediocre es un insulto al Pueblo, pero ya acostumbrado está. Lo más triste es tener que hablar de dos Pueblos: Uno que tiene principios idealistas y progresistas y otro que ha sido lamentablemente asesinado por el arma más venenosa de todas, la mediocridad. Cuando las sociedades se proponen fines igualitarios y patrióticos, se harán pueblos libres y democráticos, pero cuando las sociedades se olvidan de sus principios, reemplazándolos por dinero y placeres, solamente se conseguirán conglomerados de gente mediocre sin pensamientos, sólo conductas poco racionales.
Propongo creer, confiar y saber. Creer porque sólo con las creencias se logran las metas y los sueños. Confiar porque sólo con dicha virtud se podrá crecer y superarse como sociedad día a día. Saber porque solamente teniendo como amigo el conocimiento se podrá entender éste mundo y así entender la realidad en la que se vive. Fanáticos son aquellos que confían y creen plenamente en algo, en alguna ideología, en algún saber; aquellos son los que dan su vida por lo que creen justo y valiente; aquellos que siendo fanáticos, creyendo y confiando, son felices aún cuando deban sufrir por creer. El verdadero fanático es aquel que aunque sufra creyendo en lo que cree, es feliz porque siente que su corazón está dedicado a causas justas y nobles que lo orientarán al Bien Supremo.
Son tiempos de lucha éstos, pero no son tiempos de otra realidad. Luchas siempre hemos tenido como seres humanos, puesto que la persona sólo crece luchando y aprendiendo. Porque sin desafíos ni paradojas, la vida en éste mundo no tendría ningún sentido. Luchar por éstos tiempos, no es criticar ni hacer parodias. Luchar es defender lo justo y lo bueno para hacer del mundo un lugar mejor, un lugar donde, por lo menos, la palabra igualdad se escuche y las diferencias no sobresalgan por importancia, sino que no se vean, que no se hablen, ni se susurren, que ni siquiera se pronuncien.

Creyendo se lucha y luchando se logran cambios. Cambios son aquellos pensamientos que el Pueblo supo escuchar, pensar y en los que supo creer para sostenerlos en un tiempo como banderas de revolución. Banderas son aquellas ideologías en donde la idea se convierte en una convicción y no en un fundamento. La creencia es la única arma que Dios le aportó al hombre para existir, para vivir. Con ella se logran los cambios y las revoluciones, los saberes y los conocimientos, las ideas y los pensamientos, los sueños y las ilusiones. Con la creencia se vive, no se existe. Existir es ser un ser más en la vida; pero vivir es ver el mundo con los ojos del soñador, del idealista. Creer nos permite ser aquel idealista un poco “loco” que sueña con un mundo mejor, que tiene aspiraciones y que intenta ver el mundo con sus ojos y no con los ojos que el resto lo ve. Creer es saber vivir.

