Los viejos relatos cayeron y los valores han cambiado. La relatividad y el nihilismo se han centrado en los discursos y prácticas donde aquí yace el accionar de los nuevos dispositivos enmarcados por nuevas necesidades. Es necesario entonces, reflexionar sobre las nuevas perspectivas que divagan en este nuevo tiempo que nos toca transcurrir: La NUEVA MODERNIDAD.

¿Qué será ese fuego interno que todos tenemos en nuestra alma? ¿Qué será esa alegría loca y eufórica que nos controla y de pronto cambia totalmente nuestra conducta? Esa alegría me tiene, sinceramente, como un loco suelto. Ando cantando por las calles, saliendo por las noches y riendo sin parámetros existentes. Es una alegría inexplicable, inexistente e incoherente. Inexplicable porque no tengo la mínima respuesta para darle a mi mente de dónde salió esa emoción; inexistente creo, porque es un producto eufórico de mi alma y no algún resultado por alguna situación existencial; incoherente porque no tiene explicación, ni fundamentación, no se puede explicar ni entender sólo se puede vivir, es así.
DESCONTROL es la palabra que a todos les gusta. La ausencia de orden y de límites es lo que a todos nos gusta cuando somos adolescentes. La noche la reina el alcohol, el sexo y la euforia. Sin orden, todo es una anarquía enmascarada por una alegría que todos viven solamente por la noche: cuando llega el día todo se acaba hasta la próxima noche donde todo vuelve a cobrar vida. Noches de locura son noches donde pasan las cosas más descabezadas e incoherentes que uno nunca se imaginaría que pasarían. La noche es otro mundo, hay ausencia de reglas e imposición de códigos. Todos quieren dejar de lado las reglas de la rutina y el estrés que produce “vivir”. Pero en realidad todo es una simple búsqueda de la felicidad en la satisfacción rápida y posmoderna. Todos buscamos la felicidad, ésa es una verdad. En los medios rápidos, fáciles y espontáneos sólo se encuentra placer y excitación.
La felicidad no está en aquellos mediocres medios, sino que está en uno mismo. La felicidad está en el bien resultante de hacer conductas propias con un fin. Ésa es otra verdad.
Pero ahora bien, si sabemos que la felicidad está ahí… ¿por qué seguimos teniendo esa actitudes? ¿Qué es lo que tanto nos atrae del descontrol, del desorden, de la ausencia de límites? ¿Será que nos han educado tan estrictamente que lo que deseamos ahora es un libertinaje? El desorden se siente bien por la noche, pero solamente en la noche; en la vida el desorden no sería existir, sería sobre-vivir.
Lo denomino a todo esto como una actitud de rebeldía. Rebeldía porque el rebelde es aquel que quiere crear nuevos principios, acabando con los ya establecidos. De este modo, lógicamente podemos decir que el adolescente es rebelde por naturaleza ya que en su momento de inseguridad existencial se cuestiona absolutamente todo, principalmente los principios. Porque… ¿quién creó los principios, y por qué se crearon? Y ¿cómo sabemos que son los correctos y no los equivocados? todo es cuestión de creer dicen.
Noches, descontrol, música a todo volumen, alcohol, amigos, adicciones, fiesta y ausencia de límites. Todo esto forma parte de la oferta que ningún adolescente desearía perder a la hora de organizar las actividades del fin de semana. Todo forma parte de una hermosa sensación de placer que se produce en el individuo al consumir la oferta; no se es feliz pero se satisface un vacío existencial con un placer renovable y mediocre. Es divertido todo a la noche, pero ¿qué sucede cuando el día regresa? Seguimos igual. Actuamos como si fuéramos otros y no los de anoche. La oferta mencionada nos lleva a un mundo loco y excitante donde las reglas se pierden y la noche parece eterna. Es tentador ser adolescente porque el descontrol que se vive es único y solo se puede vivir una vez a la vida. Alocarse es lo más hermoso que puede suceder en la vida, porque uno realiza lo que siempre quiso realizar. Pero aquí voy a desmentir algo que siempre se lo asoció: descontrol = sin límites ni reglas. Falsa mentira esta, ya que aún en el descontrol existen reglas de convivencia y de existencia, ya que el mismo es un estado por el que la persona decide llevar a cabo sus conductas; y como todo estado, está limitado bajo la moral individual y las reglas de la noche.
Todo lo resumiré a una parte de una vieja canción que solía escuchar en la radio: Noches de baile, de sexo y de alcohol. El ron se mezcló con la euforia y la prostituta se encamó. Noches de descontrol y de pasión, no sé quién soy pero sé que satisfecho estoy.