
Siento que por fin desperté de aquel terrible sueño. Hoy, puedo ver con claridad mis errores y mis virtudes; mis equivocaciones más que nada. Desperté de un mundo en el que yo me creía el centro de todo y el único que podía ser alguien. Cuán equivocado estaba. Todos me lo dijeron, pero, como toda persona, me fue necesario chocar un muro duro y frío para poder recapacitar. Perdí personas en ese choque, perdí confianzas, perdí tiempo y lo más triste fue que decepcioné a muchos, hasta a mí mismo. Enceguecido choqué y sólo me di cuenta que ya no podía seguir más; ya estaba solo, simplemente solo.
Despertar es horrible y doloroso. Es un momento en el que las convicciones se caen por sí solas y la existencia propia parece que perdió su rumbo. Ya no sabía quién era, ni qué hice. Lágrimas sobraron y respuestas faltaron. Por fin pude comprender tantas cosas. Cosas que muchos me dijeron y que a pocos escuché; cosas que eran verdades pero que aún reconociéndolas como lo que eran las ignoraba por completo. Aquí está la gran paradoja que a mi mente cautivó: ¿quién soy en realidad?
Camino sólo por las calles de un pasado que añoro pero que aún no comprendo que ya pasó… que ya es pasado. Desearía haber despertado antes para así haber podido cambiar las cosas antes; para así no haber perdido personas; no haber perdido sentimientos. Me siento
rodeado de gente y a la vez tan incomprendido. Siento que mi vida pasa y yo, que hoy pude despertar, sigue pasando sin esperarme ni siquiera para entenderla. Es triste, es doloroso, pero es la REALIDAD. Preferible es sufrir en la realidad antes que “ser feliz” en un mundo creado por la soberbia y la confusión. Despertar fue lo más extraño que en toda mi vida sentí, fue un nacer de nuevo, un volver a empezar, fue una segunda oportunidad. Pero aún no sé. Tengo mucho miedo. Miedo a equivocarme, a no ser libre, a volver a hacer mal, a sufrir yo, a hacer sufrir. Ese miedo me tiene atónito, callado y silenciado; me ha alejado de todos haciendo mal dentro de mí. Siento que lo merezco, siento que es el precio que he de pagar por tanto sufrir cometido. Lloro y solamente lloro tratando de entender todo, de entender la existencia, de entender el tiempo y su relatividad.
Entender, esa es la palabra para vivir. Esa es la palabra que no tenía en mi mente hasta hoy. Cuando niño era tenía mis ideales y mis dibujos; mis canciones y mis sueños; mis amores y mis juegos; tenía mi vida y mi mundo de amor. Me gustaría saber ¿dónde se fue ese mundo?, ¿qué le pasó?, ¿por qué se fue de mí? Quiero llorar pero no puedo ahora. Quiero ser libre pero tampoco puedo. Este mal me carcome el alma, me deja infeliz, me prohíbe vivir y produce en mí un miedo tan poderoso que me hace pedir a gritos el deseo de morir ahora y no mañana.
Hoy, cuando ya desperté, comprendí lo que era la libertad y el vivir. Vivir es afrontar la realidad tal como es y como el sueño que todos creamos cuando imaginamos. La imaginación es una gran herramienta pero para crear sueños y no pesadillas. Cierro la caja de mis sueños y tiro la llave al mar, porque creo que solamente el mar va a saber guardar en el fondo de él el
secreto que le he confiado: una historia no escrita ni vivida pero sí soñada. Ser libre es ser un alma pura es busca de la verdad y del amor. No se puede ser libre totalmente siendo humano, porque el humano es preso de sí mismo, de sus elecciones, de su moral y de su pensamiento. Para ser libre hay que acabar con lo que nos hace mal, con lo que nos fatiga, con lo que nos hace inferiores; es acabar con los MIEDOS.
Por esto, solamente voy a poder ser libre cuando acabe con mis males, con esos entes que no me dejan vivir, con esos entes que siempre me mortificaron. Cuando era niño se habían ido, pero regresaron y hoy, me di cuenta de cuánto mal me han hecho. Víctima no soy, pero sí esclavo. Soy esclavo del titiritero y del escenario. Solamente voy a ser libre cuando pueda cortar los hilos que me atan a mis pensamientos, que me atan a los miedos que no me dejan pensar, que me dicen qué hacer, que no me dejan respirar. Aquí se terminó todo porque supe que solamente acabando con mi cuerpo, voy a poder ser libre; porque éste cuerpo es el que ha hecho mal y no mi alma. Hoy, cuando ya desperté de mi mundo y de mis miedos, digo adiós…
Despertar es horrible y doloroso. Es un momento en el que las convicciones se caen por sí solas y la existencia propia parece que perdió su rumbo. Ya no sabía quién era, ni qué hice. Lágrimas sobraron y respuestas faltaron. Por fin pude comprender tantas cosas. Cosas que muchos me dijeron y que a pocos escuché; cosas que eran verdades pero que aún reconociéndolas como lo que eran las ignoraba por completo. Aquí está la gran paradoja que a mi mente cautivó: ¿quién soy en realidad?
Camino sólo por las calles de un pasado que añoro pero que aún no comprendo que ya pasó… que ya es pasado. Desearía haber despertado antes para así haber podido cambiar las cosas antes; para así no haber perdido personas; no haber perdido sentimientos. Me siento
rodeado de gente y a la vez tan incomprendido. Siento que mi vida pasa y yo, que hoy pude despertar, sigue pasando sin esperarme ni siquiera para entenderla. Es triste, es doloroso, pero es la REALIDAD. Preferible es sufrir en la realidad antes que “ser feliz” en un mundo creado por la soberbia y la confusión. Despertar fue lo más extraño que en toda mi vida sentí, fue un nacer de nuevo, un volver a empezar, fue una segunda oportunidad. Pero aún no sé. Tengo mucho miedo. Miedo a equivocarme, a no ser libre, a volver a hacer mal, a sufrir yo, a hacer sufrir. Ese miedo me tiene atónito, callado y silenciado; me ha alejado de todos haciendo mal dentro de mí. Siento que lo merezco, siento que es el precio que he de pagar por tanto sufrir cometido. Lloro y solamente lloro tratando de entender todo, de entender la existencia, de entender el tiempo y su relatividad.
Entender, esa es la palabra para vivir. Esa es la palabra que no tenía en mi mente hasta hoy. Cuando niño era tenía mis ideales y mis dibujos; mis canciones y mis sueños; mis amores y mis juegos; tenía mi vida y mi mundo de amor. Me gustaría saber ¿dónde se fue ese mundo?, ¿qué le pasó?, ¿por qué se fue de mí? Quiero llorar pero no puedo ahora. Quiero ser libre pero tampoco puedo. Este mal me carcome el alma, me deja infeliz, me prohíbe vivir y produce en mí un miedo tan poderoso que me hace pedir a gritos el deseo de morir ahora y no mañana.Hoy, cuando ya desperté, comprendí lo que era la libertad y el vivir. Vivir es afrontar la realidad tal como es y como el sueño que todos creamos cuando imaginamos. La imaginación es una gran herramienta pero para crear sueños y no pesadillas. Cierro la caja de mis sueños y tiro la llave al mar, porque creo que solamente el mar va a saber guardar en el fondo de él el
secreto que le he confiado: una historia no escrita ni vivida pero sí soñada. Ser libre es ser un alma pura es busca de la verdad y del amor. No se puede ser libre totalmente siendo humano, porque el humano es preso de sí mismo, de sus elecciones, de su moral y de su pensamiento. Para ser libre hay que acabar con lo que nos hace mal, con lo que nos fatiga, con lo que nos hace inferiores; es acabar con los MIEDOS.Por esto, solamente voy a poder ser libre cuando acabe con mis males, con esos entes que no me dejan vivir, con esos entes que siempre me mortificaron. Cuando era niño se habían ido, pero regresaron y hoy, me di cuenta de cuánto mal me han hecho. Víctima no soy, pero sí esclavo. Soy esclavo del titiritero y del escenario. Solamente voy a ser libre cuando pueda cortar los hilos que me atan a mis pensamientos, que me atan a los miedos que no me dejan pensar, que me dicen qué hacer, que no me dejan respirar. Aquí se terminó todo porque supe que solamente acabando con mi cuerpo, voy a poder ser libre; porque éste cuerpo es el que ha hecho mal y no mi alma. Hoy, cuando ya desperté de mi mundo y de mis miedos, digo adiós…

